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Ayudar a quien no quiere ser ayudado 

Luis Gaviria

A la mayoría de nosotros nos encantaría ver resultados positivos en lo que hacemos. Si somos coaches, queremos que nuestros clientes triunfen. Al fin y al cabo para eso nos formamos, es lo que hacemos y por ello nos pagan. Si se trata de personas que amamos, con mayor razón queremos verles viviendo vidas fructíferas, con felicidad, con significado. Pero nos encontramos con algunos que pareciera que eligen el dolor, vivir en la incomodidad y nuestra alma grita “¡abre los ojos, déjate ayudar!”, pero ellos de alguna forma escogen otra cosa.

Maria Soto, Coach y Terapeuta me ha enseñado esto: Las personas no se quedan en su enredo y dificultad por no quieran salir de ahí. Es que con lo que tienen por resolver de su dolor, por razón de sus lealtades afectivas (ya que mi mamá sufrió, es normal que yo también lo haga, es solo un ejemplo), ellos no están listos a recibir la ayuda. En pocas palabras, aunque suene duro, “NO PUEDEN”. Necesitamos estar ahi, comprendiendo que ellos no están listos, que no pueden aún lidiar con su dificultad y debemos soltarlos de manera respetuosa. Si no lo hacemos, nos volvemos perseguidores y verdugos. Desde ese punto no podemos acompañar a nadie. Se van a sentir constantemente juzgados y presionados.

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